Antivacunas: El resurgir de enfermedades pasadas

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Muchas veces lo que empieza siendo una idea recogida en una pequeña porción de personas, acaba retroalimentándose y aumentando su importancia hasta llegar a aparecer como un problema. En este caso os hablaré sobre los movimientos antivacunas, así como la importancia de las vacunas para nuestro organismo.

¿Cuál es la razón de seguir este movimiento?

Existen datos recogidos de pacientes por pediatras que preguntan los motivosde las personas «antivacunas» para no realizar la vacunación en el momento adecuado. Las razones que se afirman, entre otras, son:

  • No creer en los riesgos de padecer la enfermedad
  • Preferir una medicina alternativa
  • Las sospechas de la aparición del autismo
  • Los efectos adversos que puedan producir
  • La idea de que el sistema inmune infantil no soporta la cantidad de vacunas

Entendamos un poco a las vacunas

La mayoría de los motivos descritos anteriormente vienen principalmente por una falta de información, por ello es fundamental entender el origen de ellas.

¿Qué es una vacuna?

La OMS la define como:

Cualquier preparación destinada a generar inmunidad contra una enfermedad estimulando la producción de anticuerpos

La mayoría de estas preparaciones son el mismo causante de la enfermedad en cuestión, pero sin ninguna capacidad de patogenicidad o lo que es lo mismo, la misma sustancia (virus de la hepatitis, bacteria del tétanos, virus de la gripe…) pero que no provoca ningún daño en nuestro organismo. Es un mecanismo que sirve para engañar a nuestro sistema inmunológico mostrando un patógeno que realmente no hará nada de daño pero que producirá unos efectos beneficiosos en el futuro.

Explicándolo de forma sencilla, tras la vacuna nuestro sistema inmune reconoce el “patógeno”, por ejemplo la bacteria que produce el tétanos, y actúa apropiadamente contra ello, generando lo que nuestro cuerpo necesita para eliminar la toxina producida por esa bacteria y evitar que se produzca la enfermedad. Una vez que ha podido establecer una defensa adecuada contra este patógeno, el sistema inmune “guarda” células inmunológicas capaces actuar frente a este. De este modo, si en algún otro momento nos encontramos con el mismo patógeno del cual ya hemos recibido una vacuna, nuestro sistema inmune lo reconocerá y podrá actuar mucho más rápido contra ello, llegando incluso a no sentir ningún síntoma de la enfermedad.

Por supuesto, el mecanismo de memoria es mucho más complicado que esto y requiere de muchos otros factores y diferentes tipos de células inmunológicas, pero lo dejaremos así de momento, para seguir centrándonos en el tema antivacunas.

Respondiendo a las dudas

Ahora que sabemos a grandes rasgos el funcionamiento de las vacunas, intentaremos responder a las razones que puedan provocar la duda de si vacunar o no.

No creer en los riesgos de padecer la enfermedad

Si miramos el calendario de vacunación de la Comunidad de Madrid observamos vacunas dirigidas principalmente a enfermedades como Hepatitis B, Difteria, Tétanos… Enfermedades que en los países desarrollados son inexistentes pero que ejercieron un efecto devastador en las cifras de mortalidad en su auge. También tienen en común su facilidad para el contagio como la tos ferina que se contagia por el aire al hablar o toser y puede llegar a provocar un estado convulsivo y de asfixia.

Preferir una medicina alternativa

Las vacunas actualmente que se encuentran comercializadas y para que muchas de ellas estén financiadas han tenido que pasar diferentes fases para completar satisfactoriamente un ensayo clínico. La eficacia y los efectos adversos han sido vistos en una población a la que se le ha vigilado constantemente y, por tanto, corroborado del efecto causa-efecto. Las medicinas alternativas tienen falta de información en este aspecto y aunque no se le asocien efectos adversos específicos tampoco se le puede asociar eficacia.

La idea de que el sistema inmune infantil no soporta la cantidad de vacunas

El sistema inmunológico es un sistema que si funciona correctamente no debería haber motivo de preocupación. Además, la administración de las vacunas se realiza en periodos determinados que se estiman en el calendario vacunal. Estos tienen en cuenta el espacio y la edad a la que se necesita realmente la vacuna.

Las sospechas de la aparición del autismo

Una de las grandes preocupaciones que han ido surgiendo a lo largo de los últimos años. Por eso, como con cualquier sospecha se recurre a un ensayo o un estudio sobre ello. En los ensayos iniciales no se vieron sospechas sobre este efecto, pero ahora existen ensayos donde se busca directamente el efecto del autismo. Tomando un artículo publicado en marzo de 2019 Hviid A. et al. “Measles, Mumps, Rubella Vaccination and Autism: A Nationwide Cohort Study” utilizan una población de 657.461 niños nacidos en Dinamarca a los que se les ha vacunado. Se observa una ratio de incidencia de 129,7 por 100 000 apoyando fuertemente la idea de que las vacunas no producen autismo.

Otros efectos adversos que puedan producir

Las vacunas, como cualquier otro medicamento, no se libran de tener efectos adversos. No obstante, la comercialización de las vacunas y su gran uso se efectúa porque el beneficio es muchísimo mayor que el riesgo que podría suponer el uso de vacunas.

Para concluir

Actualmente, es posible que los niños sin vacunar no estén sufriendo de ningún problema, pero eso se debe a que la población que le rodea está altamente protegida por las vacunas. Esto supone una protección “falsa” puesto que si aumenta la cantidad de niños sin vacunar no tardarán en apreciarse las enfermedades que tanto costaron controlar.

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